Ad aeternam Roma.

Admiramos a quienes van y visitan ciudades como Roma, París o similares en un fin de semana o puente. Siete días sin parar hemos estado, y nunca nos habíamos ido de ningún lugar con semejante sensación: apenas hemos visto la ciudad.

Sí, hemos paseado de día y de noche. Con lluvia y con sol. Hemos visto todo “lo que hay que ver”. Los monumentos. Las fuentes. Los barrios. Las afueras. Los bares y restaurantes. Las avenidas, calles y callejones. Lo moderno, lo antiguo y lo anterior. Las iglesias y templos. Las calzadas. Y apenas creemos haberla visto, disfrutado, conocido. Queremos vivir en Italia, ya os lo advertimos.

20170914_124305

Vuelo barato, hotel barato, mochila y a disfrutar. Esa era la filosofía del viaje.  Cuando no tenemos tiempo, o no queremos complicarnos la vida organizando (eh, a veces también nos gusta lo fácil, y descansar) elegimos una capital europea, para no tener que pensar en transportes y otros asuntos de intendencia. Ya os hemos contado en otras entradas viajes a ciudades como Lisboa, Viena, Bratislava , Bruselas o Madrid.  Si buscáis algo más sencillo, cualquier gran ciudad de España cumple el mismo papel, pero facilitando temas como transporte o idioma (podéis ver nuestros viajes a Bilbao, Valencia o Soria, por ejemplo). Así que, como sólo teníamos una semana, y Roma era uno de esos lugares que siempre están presentes en la lista de favoritos, compramos el vuelo un día, y al día siguiente nos íbamos.

Llegamos y llovía. Llovía como nunca habíamos visto. La ciudad estaba inundada y sin luz eléctrica ese domingo de final de verano, pero no nos importó. De hecho, todos los lugares más especiales de nuestra memoria viajera han sido lluviosos, como la Bretaña o la selva mexicana. Así que aprovechamos para descansar en el hotel (que nos dejó hacer el registro bastante pronto). Y desde ese momento, hasta la tarde del sábado siguiente, nuestro único plan era pasear y contemplar, nada más, y no es poco si tenemos en cuenta la ciudad de la que estamos hablando. Sólo os diremos una cosa, la ciudad, además de siete colinas, tiene cientos de escalinatas.

20170911_160615
El atardecer desde el último peldaño de la escalinata, merece la pena.

Y como no pretendemos ir de listos ni entendidos, no os vamos a decir qué ver ni cómo, que para eso ya hay otros que saben mucho más, como los compañeros del blog Mochilenado por el mundo, que se conocen Roma como nadie. Sus entradas son una mina para preparar un viaje a la capital italiana.

20170910_183314

Pero Roma, tan maravillosa y antigua, es también muy turística, y hay que lidiar con ello, y con las colas, las entradas a precios elevados, la gente haciendo fotos por todos lados, la gente por todas partes, la sobrexplotación de la ciudad, la falta de personalidad de buena parte de los restaurantes (sobre todo, en el centro). Así que intentamos salirnos de esa vorágine. Por primera vez apenas visitamos monumentos, museos o enclaves, y decidimos improvisar sobre la marcha: iglesias de barrio, calles con vespas y ropa tendida, cenar a las afueras, ver atardecer desde algún mirador en alto…

Paseamos por los foros imperiales, varias veces, diferentes días, de día y de noche. Y nos impresionaron todas y cada una de ellas.

20170911_162803

20170911_162029

20170911_171535

Fuimos buscando las fuentes, parlantes o no.

20170911_093834.jpg

Fuentes de Roma

Vimos Roma a todas las horas del día y la noche, con todas las luces.

20170910_182903.jpg

20170911_191712

 

Visitamos ruinas, ruinas y más ruinas.

20170910_184004

20170915_151740.jpg

Ruinas romanas

 

Paseamos por el ghetto. El barrio judío fue el primer barrio extramuros de la ciudad y es, además, el ghetto más antiguo de Europa.

Ghetto di Roma

Llegamos en tranvía hasta el barrio del Trastevere. Elegir el tranvía supone conocer otra parte de la ciudad que, seguramente, de otra manera no pisarías, y además, hacer un tour por lugares como el Circo Máximo, la Porta Primigenia o la Pirámide.

Trastevere

Salimos a las afueras, buscando la Vía Apia, las catacumbas o la tumba de Rómulo.

20170915_151358

Recorrimos todas las plazas, turísticas o no. Con mercado o sin él. Y desentrañamos sus secretos: la Piazza Navonna conserva la planta del antiguo circo sobre el que se levanta. El Campo di Fiori, la estatua del quemado Giordano Brunno. La Piazza di Spagna, un guardia urbano que, silbato en mano, controla a los miles de turistas que se sientan en sus escalinatas… Las mil caras de una misma ciudad.

20170911_115711

20170911_155403

20170912_125222

20170913_193203

Visitamos antiguas basílicas, como la de San Pablo y San Pedro, buscando la esencia bizantina del cristianismo…

Interior y exterior de basílica San Pedro y San Pablo

 

Visitamos la Roma moderna, desde el monumento a Vittorio Emmanuel.

20170913_182453

20170914_120534

…Y la más contemporánea, como el barrio EUR, o E42. Construido en época fascista, con motivo de la Exposición Universal de Roma de 1942 (de ahí el nombre) supone el primer barrio que nace en el mundo con el concepto “financiero” y de negocios. Su arquitectura racionalista y monumental es el contrapunto perfecto de líneas sencillas frente a la Roma más barroca.

Barrio EUR o E42. Roma

 

Buscamos el mejor café, los mercados de barrio, pastas y embutidos, los artesanos… La esencia del lugar.

Gastroroma

Buscamos la otra Roma, la de Passolini y el Partido Comunista, la de escritores de posguerra, la que conserva los guardias de tráfico del cine de los años 50 y tiene un aire gamberro y decadente.

roma decadente

 

Ruteando por el Bajo Aragón

Teruel es una provincia desconocida y una auténtica joya en bruto. Además de la capital (aquí puedes ver nuestro fin de semana en Teruel) tiene un buen número de pueblos para enamorarse. Posiblemente sea la provincia de España con más localidades incluidas en la asociación Los Pueblos más Bonitos de España y, como nos pilla no muy lejos de casa, aprovechamos siempre que podemos para escaparnos por allí, especialmente por la parte de la provincia que se conoce como el Bajo Aragón Histórico:

 

mapa_ruta
El mapa es de esta web.

 

Alcañiz es la principal población de la zona,y es un buen punto de partida, aunque si vas a estar varios días, te recomendamos que vayas cambiando tu alojamiento, para evitar idas y venidas innecesarias. Además, así disfrutarás de algunas casas rurales que son puro amor. Si eres aficionado al motor, la conocerás por su legendario circuito urbano, el “Guadalope” y por el actual, “Motorland”. Si te apetece ir, pero el barullo de Moto GP te echa atrás o se escapa a tu presupuesto, que sepas que hay actividades durante todo el año, mucho más económicas o incluso gratuitas, y sin aglomeraciones. Una visita a su web te sacará de dudas.

Pero también tiene su propia historia. El Ayuntamiento, con su porche y arcadas apuntadas tan típicas en la zona, te darán buena idea de lo que irás viendo. Justo bajo la plaza, entrando por la Oficina de Turismo, se accede a los neveros, un entramado de galerías y bóvedas que recorren el subsuelo y que se usaban para abastecer de hielo y nieve a los habitantes de la zona. Hay una ruta por diferentes pueblos que los han recuperado denominada “Las Bóvedas del Frío”.

Plaza de Alcañiz

 

Desde la misma oficina, además, podréis visitar uno de los refugios usados durante la Guerra Civil y conocer la historia del bombardeo de Alcañiz, uno de los más duros y sangrientos del conflicto, aunque apenas se conozca.

Refugio Antiaereo Alcañiz

El castillo de los Calatravos hoy acoge el Parador de Turismo y, en verano, es el escenario del Festival de Artes Escénicas. No te vayas sin probar las tapas y el vermouth del Hotel Guadalope; nosotros ya no pasamos por allí sin hacer la correspondiente paradita.

Tapas Hotel Guadalope

A partir de aquí, las posibilidades son muchas, tantas como pueblos hay por la comarca. La recomendación: perderse por carreteras entre olivares, una de las señas de identidad de la zona (si te gustan las aceitunas, estás en el paraíso), por vías secundarias donde abundan las motos y las caravanas. Recorridos tranquilos y sin grandes grupos, sólo parejas o amigos, a veces solos, recorriendo esa parte de una de las provincias más despobladas. Podrás parar en cualquier mirador, ermita, yacimiento o lugar que te interese, sin seguir ningún mapa o guía.

20170811_161731

 

Puedes elegir cualquier carretera y descubrir un itinerario con los pueblos que van apareciendo a tu paso. Y así, visitar Calaceite

Calaceite

 

Cretas… (Por cierto, aquí se encuentra el Centro de la Lengua Íbera).

Cretas

Valderrobres, mucho más conocido y turístico…

Valderrobres

O La Fresneda, por poner un ejemplo.

La Fresneda

También puedes seguir la Ruta de los Íberos, uno de nuestros últimos descubrimientos por allí, y eso que le teníamos ganas desde hace tiempo. Se trata de una red de yacimientos señalizados y abiertos, junto a diferentes centros de interpretación por varios pueblos, que te acercarán hasta el pasado más desconocido de nuestra historia: los pueblos que habitaron esta parte de la península antes de la invasión romana. Su metalurgia y alfabetos sorprenden por avanzados y complejos, rompiendo el concepto que tenemos de la Protohistoria y sus pueblos, a medida que se avanza en el descubrimiento y análisis de los datos arqueológicos. Y, también hay que decirlo, a medida que van cayendo las redes de expoliadores y “coleccionistas” privados.

Ruta Iberos Bajo Aragon

20170812_122241

 

Y aunque cualquier época del año es buen momento para descubrir la provincia, acércate si tienes ocasión en Semana Santa, y vívela como lo que es aquí, una celebración al ritmo de los bombos y tambores. Algunas “rompidas”, como la de Calanda, son abiertas a cualquiera que llegue a la plaza con el hábito puesto y el tambor al hombro, aunque siempre de forma respetuosa, eso sí . No te asustes, poco tiene que ver con la religión, aquí la pasión se interpreta de otra manera.

10177886_10203703358885412_2404613783658940520_n
Y aquí nos tenéis, en medio de la plaza de Calanda, la mañana de un Viernes Santo, dispuestos a romper la hora.

 

Por descontado que estos son los días más turísticos del año en la zona, sobre todo jueves y viernes, pero si no tienes prisa y puedes esperar hasta el domingo (de Resurrección, hablando en términos de la Semana Santa), verás unos pueblos transformados, en el que toda la masificación de los primeros días se ha convertido en un momento en el que sólo quedan “los de casa”, en una especie de despedida colectiva, en la que muchos se separan con la misma fórmula: “Hasta el año que viene, hermano”. Y entonces, sientes la verdadera emoción.

Ocosingo, Toniná y San Cristóbal de las Casas. El corazón de Chiapas.

Es 29 de octubre (de 2015) y damos un último paseo por Palenque. Nos llaman la atención los cementerios, tan coloridos y cercanos a las localidades que parecen más bien parques o jardines. La fiesta de muertos está muy próxima, pero hoy sin quererlo hemos ido más allá: nos hemos encontrado con un funeral y, aún mariachis incluidos, nos da apuro molestar y nos retiramos. Al día siguiente partimos hacia Ocosingo, donde nos espera de nuevo alojamiento de Couchsurfing, en casa de Rafa. El viaje son un par de horas en combi por una carretera que sube la Sierra Lacandona, a base de curvas y más curvas. El paisaje es tan bonito que apenas hablamos en todo el recorrido, sólo miramos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Ocosingo resulta ser más grande de lo que pensábamos (nos hablaban de ella como si fuese un pueblo) y es sede de la Universidad Tecnológica de la Selva. De hecho, nuestro anfitrión es un joven estudiante de ella.  Como él tiene clase y nosotros llegamos a media mañana, nos quedamos por la plaza central, pues con las mochilas a cuestas no tenemos mucha libertad. Nos comemos unos tacos, nos refrescamos con unas paletas de piña y observamos curiosos una infinidad de grupos diversos, montando una especie de altares. Ese iba a ser nuestro primer contacto con el tema, o mejor dicho, la fiesta, y ahí conocimos a una nueva compañera de viaje: La Catrina. También sentimos, aún sin saber por qué, que las calles que recorremos guardan una historia, algo que en ese momento no comprendemos y que nos costará descubrir. Aquí tuvo lugar la única batalla entre el EZLN y el ejército mexicano, y esa huella está presente, de forma velada, en cada rincón.

Rafa llegó puntual a buscarnos y llevarnos a su pequeño apartamento de estudiante, donde pasamos el rato hablando de política, literatura, anécdotas y viajes hasta que cae el sol y salimos. Quiere enseñarnos la fiesta. El cementerio está decorado como si fuera una feria, con puestos de comida y música, pero cerrado todavía. Volvemos a la plaza, donde la luz de las velas ha cambiado por completo la imagen de los mismo altares que hemos visto unas horas antes. Llegamos a casa y acabamos la noche con cervezas y más gente de la que parecía caber en el apartamento, echando unas risas. Aprendimos, por ejemplo, que aunque aquí nos digan lo contrario, beber “Sol” no es beber cerveza mexicana. De hecho, ni siquiera es beber cerveza. Vamos, como la Cruzcampo de aquí.

fiesta_muertos_occosingo

Al día siguiente madrugamos para ir a Toniná. Aunque Rafa nos ofrece dejar las mochilas en casa, no nos fiamos porque puede ser luego un lío si al volver del yacimiento no hay nadie en casa, así que las cargamos y nos despedimos. Descubrimos que no se ha ido de vacaciones a su casa por hospedarnos, así que no vamos a retrasarle más sólo por guardarnos el equipaje hasta nuestra vuelta. Es curioso, pero con las pocas horas que pasamos juntos, conectamos, y todavía hoy seguimos en contacto en redes sociales.

Sabemos que allá no hay taquillas, pero ya nos inventaremos algo. Cogemos el colectivo en el mercado (parece que en todas las ciudades sale del mismo lugar) y nos vamos. Desde la carretera vemos Toniná, majestuosa ciudad maya. Tenemos suerte y resulta que sí hay taquillas, la combi para en la misma puerta y no pagamos entrada porque no hay taquillero; incluso el museo tiene libre acceso. No recordamos un día en el que hayan salido bien tantas cosas seguidas.

 

Entramos de buen humor. Sabemos que Toniná, pese a su importancia, es un yacimiento poco visitado, así que esperamos verlo tranquilamente. Caminamos algo más de un kilómetro cruzando lo que parece ser un rancho hasta la entrada del yacimiento. Toniná es, sin duda, lo más majestuoso que hemos visto hasta el momento. Una ciudad completa, construida en la falda de una montaña, representando los siete niveles desde el inframundo (los túneles o basamentos) hasta el cielo (templos del Sol y la Luna). Tenemos total libertad para meternos por donde queramos, todo está abierto y es accesible, no hay nadie, ni siquiera vigilantes: estucos, policromías, pasadizos… Una verdadera ciudad entera y muy bien conservada, para nosotros. La escalera que accede a la parte más elevada, bajo el sol mexicano, es un reto para el vértigo. Pero es maravillosa. Absolutamente maravillosa.

panoramica_zona_arqueologica_tonina

A la salida entramos en el museo, que cumple con su objetivo: ayudarte a comprender lo que has visitado, la vida de la ciudad, la sociedad que la habitaba. La gestión del yacimiento, en territorio del EZLN, es la mejor que veremos en todo el país.

Y volvemos a Palenque, para tomar otra combi, que nos tiene que llevar a San Cristóbal de las Casas. La carretera está tranquila, pese a las amenazas de “bloqueos”. Confiamos que, al viajar en transporte colectivo (solemos ser los únicos extranjeros) no tengamos problemas.

En San Cristóbal también hemos encontrado hoster de Couchsurfing. pero para un par de días no más. Lo mejor de aquella estancia fue coincidir con otra pareja de españoles, Ana y Adrián, que entonces estaban inmersos en la aventura de recorrer América en bicicleta, desde Canadá hasta Perú. Hacemos buenas migas en seguida y salimos a recorrer la ciudad.

collage_sancris

SanCris vive por y para el turismo. La capital de Chiapas es uno de los destinos más famosos entre los mochileros y viajeros que pasan por México. Así, al orgullo indígena de sus habitantes, se une la mezcla de culturas de toda la gente que pasa por allí. Pero también muestra, si lo quieres ver, el orgullo zapatista, de aquellos meses en que Chiapas fue el centro del mundo y plantó cara al capitalismo con una revolución escrita en verso.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

 

 

Recorriendo el Yucatán: de Cobá y Ek-Balam a Izamal

Como os contábamos aquí, pasamos una semana alojados en Valladolid, porque nos servía como base para visitar las zonas arqueológicas que nos interesaban: Chichén Itzá (ya contamos nuestra desilusión) la maravillosa Cobá y Ek-Balam, que nos sirvieron para quitarnos el mal sabor de boca tras la primera, y acercarnos de verdad a la arqueología y cultura mayas.

Así que para ver Cobá aquel día madrugamos, para levantarnos de noche y tomar un carro hasta el pueblo, y de allí, un paseo hasta la zona arqueológica a primera hora de la mañana, cuando apenas había salido el sol y todavía no hacía calor. Desde la entrada hay apenas 2km de camino por la selva hasta la ciudad, pero todo el mundo te recomienda que contrates, por unos euros, el servicio de una bici-carro y que te lleven hasta la zona arqueológica. Sinceramente, además de una estupidez, es humillante. Es ese tipo de actitudes que detestamos en el turismo, el servilismo de quien acoge y el todo vale de quien visita. Sobra decir que no lo contratamos, y que os pedimos por favor que no lo hagáis vosotros. Ni eso, ni los servicios de muchos niños que hay a las puertas de las zonas arqueológicas ofreciéndose como guías y acompañantes. A nuestra negativa siempre acompañaba la pregunta “¿no tienes cole hoy?” y se acababa tanta amabilidad en un momento. Es increíble que el INAH permita algo así.

entrada-a-coba
La entrada a la zona de Cobá es un regalo que no hay que perderse

Pero volvemos a Cobá. Su encanto es, precisamente,  estar en medio de la selva y no haber sido excavada en su totalidad, por lo que aún se aprecian muchas construcciones bajo la vegetación cuando paseas por los senderos mayas, los viales de comunicación entre los diferentes puntos de la ciudad, bajo la sombra de la selva, aunque la humedad sigue resultando insoportable.

Cobá es más relajada que Chichén Itzá (bueno, en realidad, todas lo son en comparación con ella), hay menos gente y menos restricciones, y por fin podemos subir a lo alto de una pirámide. La ascensión es un reto, no por lo alto de los escalones, ni por lo empinado de su pendiente, sino por la humedad. Cuesta respirar y nunca tengo la sensación de llenar los pulmones de aire, por lo que toca tomárselo con calma, ayudarse de la soga e ir poco a poco. Pero al llegar arriba compruebas que ha merecido la pena. La selva, que se extiende hasta donde alcanza la vista, no te deja ver la cuidad que acabas de visitar.

ascender-la-gran-piramide-de-coba
Desde abajo te da pereza, pero desde arriba da miedo.

Nos sentamos e inauguramos lo que será una tradición en todas las pirámides que visitemos: almorzar en lo alto. Mientras los demás suben y bajan con prisa, dedicando el tiempo justo de hacerse una foto, nosotros disfrutamos de las vistas, del ambiente, y cuando se puede, del sobrecogedor silencio de la selva.

desde-arriba-de-coba
Nuestra nueva afición: pasar el rato en lo alto de las pirámides.

Pero la ciudad de Cobá es mucho más que su pirámide… es un bien conservado juego de la pelota, zona sacra y otros restos interesantes por los que perderse.

ciudad-maya-de-coba
Zona Aqueológica de Cobá.

Al salir todavía nos quedaba tiempo para el viaje de vuelta, así que comimos nuestro primer pollo al estilo maya y paseamos por el humedal de la ciudad nueva.

coba-ciudad
El exterior de Cobá también merece un rato

La última zona arqueológica que visitaríamos esa semana desde Valladolid fue Ek-Balam. Aunque no resultó tan fácil encontrar transporte puesto que no hay bus regular hasta el pueblo más cercano, sino una mini-van que te lleva hasta el yacimiento. Además, volvemos a pagar una entrada que consideramos excesiva, y nos empezamos a mosquear, por lo que decidimos, a partir de entonces, seleccionar mejor lo que visitaremos y lo que no, especialmente mientras sigamos en Yucatán.

En un primer momento la zona resulta mal señalizada y con escasa información, que no describe más que obviedades y conjeturas, pero merece la pena. Es realmente diferente a muchas de las ciudades que visitaremos: su arco de entrada, las pirámides gemelas, la gran escalinata de la pirámide principal, los frisos… pocos lugares se nos mostraron tan completos, como libros abiertos de historia viva. Si tuviéramos que escoger una de las tres zonas nombradas, sería esta sin pensarlo.

entrada-ek-balam
Arco de entrada en Ek-Balam
conjunto-ek-balam
Ek-Balam y sus pirámides gemelas

Y lo mejor, la acrópolis. Aunque en un primer momento, y vista desde abajo, la escalinata asusta, al empezar a subirla descubrimos, a media altura, que había arqueólogos trabajando en los frisos y las policromías, así que nos quedamos mirando, como bobos. Era la primera vez que vemos más que la piedra pelada, que suele ser lo habitual, y que pudimos ver parte del revoco y el estuco que decoraban los monumentos originalmente, con policromías vivas.

Pirámide Ek Balam.jpg
Desde lo más alto de Ek-Balam apenas se ve nada
Arqueólogos en Ek Balam.jpg
Frisos decorativos en la gran pirámide de Ek-Balam

Al acabar la semana tenemos que pensar en cómo continuar el viaje. Por suerte, el alojamiento está resuelto gracias a Couchsurfing en Mérida, así que sólo tenemos que decidir cómo llegar hasta allí. Decidimos aprovechar y visitar de camino Izamal.

Izamal es un “pueblo mágico”, etiqueta que usan en México para señalar su pueblos más bonitos, famoso en este caso por su sencilla arquitectura colonial y por estar pintado todo en amarillo.

Amarillo Izamal.jpg
Y a este color lo llamaremos “amarillo Izamal”

Se trata de un pequeño pueblo colonial, organizado en torno al gran monasterio que ocupa la parte principal de la localidad, donde se abre la plaza y se da la vida. De las pirámides que había en época anterior no queda prácticamente nada (sospechamos que la piedra se usaría para levantar el convento).

Monasterio de Izamal.jpg
Convento de Izamal

Por suerte, es día festivo, y hay feria y mercado lleno de puestos para comer tacos, por supuesto. Así que por unas horas nos mezclamos con la gente, comiendo en la calle, paseando por el mercado, visitando la feria…

pueblo-de-izamal
Callejeando y saboreando Izamal, pueblo mágico

… hasta que se hace la hora de coger de nuevo el autobús y llegar al siguiente destino, Mérida, donde nos esperará nuestra primera experiencia con CouchSurfing.

Nuestra primera vez: Chichén Itza

Latinoamérica. Y más en concreto, MesoAmérica. Ese era nuestro principal objetivo en nuestro (primer) gran viaje. Queríamos visitar, recorrer y empaparnos de la historia y arte precolombinos, un mundo totalmente desconocido, pues ni siquiera las facultades españolas en sus clases de arte les dedican tiempo. Civilizaciones estereotipadas por un desconocimiento y un desprecio secular, que se generan cuando eres incapaz de interpretar lo que ven tus ojos, tal vez porque siquiera alcanzas a comprenderlo. Astronomía, urbanismo, orfebrería, arquitectura, matemáticas… mil y un aspectos de diferentes pueblos y civilizaciones. Todo un mundo, literalmente, por descubrir. Como era demasiado ambicioso, redujimos nuestro viaje a una parte de la Ruta Maya.

Vamos a intentar no aburrir con descripciones arqueológicas detalladas, pues eso se puede consultar en otros sitios. Queremos hablar de impresiones, de cómo nos sentíamos ante cada cuidad visitada, de la curiosidad con la que intentábamos descifrar su lenguaje estético (tan diferente del occidental europeo). Y claro, habiendo entrado por Cancún, y dada la ruta elegida, hacia Mérida, nuestra primera parada era Chichén Itza. Aunque sabíamos que era el lugar más turístico, fue mucho peor de lo que esperábamos, y no sólo por el calor y la gente, que también. Chichén, Nueva Maravilla del Mundo, un lugar mágico, increíble, y… bla, bla, bla.

Es curioso el tema de los recuerdos y la memoria. Al escribir, más o menos un año después, no recuerdo lo mal que me encontraba (tenía fiebre aquel día) ni lo cabreada que estaba por sentirme explotada a cada paso (bus, entrada, etc). Tampoco recuerdo el calor o la humedad irrespirable, ni los mosquitos. No. Recuerdo que era un lugar que hacía mucho, mucho tiempo queríamos visitar y aunque nos decepcionó un poco, seguía siendo la primera ciudad mesoamericana que visitábamos y, pese a todo, queremos decir que no estuvo tan mal. Contradicción pura y dura desde el minuto uno.

  piramide-del-castillo-al-entrarLa gran pirámide de Kukulcán, la joya de Chichén Itza, desde la sombra de un árbol.

Era nuestro primer sitio arqueológico mexicano. Nos informamos, y mucho, para evitar el bus turístico que, por un precio nada módico (entre 40 y 60 dólares o euros, según la empresa) te llevaba hasta la puerta. Nos costó, pero lo encontramos. Nadie nos daba alternativa a los autobuses de las agencias de viajes y tour-operadores, nos decían que era imposible en la Oficina de Turismo, pero entonces Quique preguntó “¿y cómo llegan cada día los trabajadores?”. Y así lo encontramos. Un simple bus de línea regular de ADO nos acercaba hasta el pueblo en el que se encuentran las ruinas, y de allí, caminando, en apenas cinco minutos,  nos plantamos en la puerta de la zona arqueológica más famosa del país cuando aún despuntaba el alba y  desayunamos en las taquillas mientras los trabajadores iban llegando. Comprobamos que como extranjeros íbamos a pagar siempre la entrada más cara: 168 pesos mexicanos en este caso (no es como en Egipto, donde el carnet de estudiante implica un 50% de descuento, o Grecia, donde entras gratis con el mismo documento). Aquí se paga, y no poco, puesto que, además, son tres entradas, una para cada organismo que interviene: INAH, Gobierno regional y local. De hecho, es el yacimiento más caro de todos los que visitamos. Para eso es el más turístico y para eso somos turistas, ¿no?

Además, con la excusa de que un turista se cayó desde lo alto de la pirámide principal hacía ya algún tiempo (nadie acertaba a decirte con exactitud cuándo ocurrió), todos los edificios estaban cerrados y era imposible acercarse o acceder a ellos, así que la visita se resume en un paseo de sombra en sombra (escasas, por cierto), viendo las construcciones desde la lejanía. Gracias a eso, en este post no encontraréis fotos maravillosas hechas desde la altura, del interior de los recintos, ni siquiera buenas fotos (pues no llevábamos la reflex). Se hizo lo que se pudo.

 

collage-castilloAl entrar sólo estaban los limpiadores, con machetes, repasando la escalinata.

Así que entramos a las 8, los primeros, disfrutando del primer rato de sol y del silencio de la zona. Los puestos de artesanía no estaban siquiera montados y los vendedores nos miraban con cara rara, extrañados de ver a alguien tan pronto por ahí. Así descubrimos que muchos de ellos acampan y duermen allí, casi se podría decir que algunos viven en el interior de la zona. El sol todavía no era molesto y no había gente paseando. Reconocemos que, en ese momento, la gran pirámide nos impresionó, pese a ser menor que otro templos conocidos, como las pirámides de Giza. Pero cómo no iba a hacerlo. Con escalinatas monumentales en sus cuatro lados (de momento es la única de esta tipología, con 91 escalones cada una, sumando 364, más la plataforma superior, 365, es decir, los días del año actual), serpientes de piedra en cada una de ellas y, sobre todo, unas cuantas leyendas labradas sobre sus espaldas. La rodeamos tranquilamente, con la pena de no poder subir a ella, así que nos dirigimos a zonas como el Templo de los Guerreros o la de las Mil Columnas.

 

collage-a-primera-horaAsí estaba, a primera hora. Solitos.

Aunque debe ser la zona en peor estado de conservación del recinto, su amplitud da una idea de lo que debió ser la ciudad. Y como siempre, hay que usar (mucho) la imaginación para visualizarlo en pie, ornamentado con esculturas y pintado con llamativa policromía. Los escuetos paneles de cada recinto, por cierto, tampoco eran de gran ayuda.

grupo-de-las-mil-columnas-habia-alguna-menos-en-realidad

La zona de las Monjas era una pequeña plaza entre edificaciones discretas, pero llenas de simbología en sus fachadas. Al tratarse de edificios menores, pudimos apreciar mejor la decoración, y empezamos a advertir la presencia del omnipresente Chaak (sí, ese que parece Bob Esponja) y el meticuloso y geométrico trabajo de la piedra.

collage-conjunto-monjasArea de las Monjas.

Aunque sin duda, nuestra parte favorita fue la del Observatorio “El Caracol” (llamado así por la escalera interior de acceso a la cúpula). Semejante infraestructura sólo es posible si para un pueblo es de vital importancia un estudio muy profundo e importante del cielo, hasta el punto de adquirir un dominio de la astronomía y del calendario que ha hecho famosos a los mayas por su exactitud y amplitud, abarcando periodos de miles de años.

collage-observatorio

La leyenda dice que la plataforma de los cráneos debe su nombre a ser el lugar donde se depositaban las cabezas de los jugadores de pelota, aunque no quedaba muy claro si las de los perdedores (como castigo), o de los vencedores (para su inmortalidad). De hecho, en el tema del juego de pelota no hay nada claro, y escuchamos tantas versiones diferentes como guías pasaron por delante de nosotros. La única afirmación segura es que cuando llegaron los españoles a América ya no se jugaba, los mayas estaban en decadencia y los conquistadores poco pudieron conocer de las costumbres locales.

collage-plataforma-de-los-craneosLas calaveras siguen estando muy presentes en la simbología mexicana del día de muertos.

Cuando regresábamos de nuestro paseo de la periferia, la plaza central, la que alberga la gran pirámide, ya no estaba tan tranquila…

collage-al-entrar-y-al-salir Dos horas de diferencia, y … voilá!

 

Nos quedaba por visitar la zona del cenote sagrado, supuesto punto de origen de la ciudad, y para ello teníamos que cruzar buena parte de la zona arqueológica, curiosamente, la única llena de sombra, y donde se acumulaban los puestos de venta…

collage-vendedoresEste era el recorrido entre monumento y monumento. No, gracias, no quiero” artesanía”.

 

collage-cenote El cenote sagrado.

Y es que Chichen Itza, “la tierra de los Itzáes”, es una zona arqueológica reconvertida en parque temático para turistas, que a miles diarios, recorren sus calles y explanadas despejadas de vegetación, bajo un sol de justicia, sorteando decenas de vendedores de artesanía, tras haber pagado la entrada más cara de todo México. Así que cuando apenas llevábamos una hora, aquello empezó a llenarse de grupos apresurados y ruidosos, que daban palmadas como monos para comprobar la estupenda acústica del lugar y escuchar, con su eco, el canto del quetzal, que se hacían fotos de ante la pirámide y escuchaban las explicaciones con cara de indiferencia absoluta, deseando que terminaran para volver al “shuttle” (furgoneta de transporte privada) y su magnífico aire acondicionado.

Lo curioso de aquel día es que apenas aprendimos nada de arqueología maya, pero sí algo fundamental que nos ayudaría durante todo el viaje: nuestros referentes estéticos, históricos y culturales no servían de nada si queríamos abrirnos y aprender. Como ejemplo significativo, cualquier referencia o similitud estética con algo conocido que encontramos era más bien asiática. Esto suponía tres cosas que, aunque evidentes, muchas veces no nos planteamos: una, que América era ya conocida y estaba conquistada antes de que llegaran Colón o los vikingos desde Europa, dos, que sus lazos comerciales y culturales con imperios orientales eran muy frecuentes, a pesar de lo que suponemos desde Europa y que influyeron en sus sociedades, y tres, que Europa no es el ombligo del mundo. Como siempre hemos estudiado con los mismos mapas y la historia del mundo la hemos escrito desde nuestro discurso y con nuestras referencias, nuestro cerebro olvida que la Tierra es redonda, que como tal, no tiene principio ni fin y que, por tanto, otras rutas y la existencia de otras civilizaciones tan avanzadas como las nuestras fueron posibles, aunque no dejaran registros escritos, o no sepamos descifrarlos. Los textos de los conquistadores hablando despectivamente de los nativos americanos también acentuaron esta percepción, al ser incapaces de valorar las sociedades que iban a destruir, y que, de hecho, destruyeron.

Esto se resume muy bien en un mapa como el siguiente, donde algo tan sencillo como cambiar el centro de referencia nos hace cambiar nuestra percepción del mundo. ¿Alguna vez os lo habíais planteado así?

usa-e-siegfried-i

Tras la experiencia, comenzamos a preparar las visitas de otra manera, a observar desde otro punto de vista. No queríamos que nada de lo que habíamos estudiado en historia, arte o filosofía fuese válido aquí, así que nos lo planteamos como un juego de niños, con curiosidad absoluta e infinita. Al fin y al cabo, para eso habíamos ido.

 

collage-resumen-iconografico

              El misterioso juego de la pelota, Chaak y las iguanas. Mi resumen de Chichén.