Por qué Bilbao siempre es una buena opción

Lo bueno de vivir en un país como España es la variedad de destinos que tenemos, a una distancia aceptable, y sin resultar caros. Un buen ejemplo de ello es Bilbao, ciudad que ha roto con la fama que tiene el País Vasco de destino caro, y que ha vivido en los últimos años una gran transformación urbanística y social, que merecen la pena conocer. Si a todo esto le sumamos una gastronomía reconocida en todo el mundo, el plan es redondo.

El alojamiento es sencillo, hay muchas opciones de posadas y hostales por el casco viejo, ideal para poder ir andando a todas partes. Y la comida es fantástica, a base de pintxos y raciones, nunca pasarás hambre. Si vas en invierno, fíjate bien en los carteles, pues donde haya croquetas caseras, habrá caldo. Como en casa de tu madre.

Conocer Bilbao es tan fácil como dejarse llevar y pasear. Callejea por el Casco Viejo y las Siete Calles y disfruta de su ambiente, de los bares y comercios. Para en cuantos sitios te gusten, no te defraudarán. Tómate algo en la Plaza Nueva. No te pierdas el Mercado de la Ribera y sus vidrieras. Después, ve hacia el ensanche de la ciudad, donde aparecen las primeras grandes avenidas y los edificios modernistas. Paseando por la Alameda, llegarás a la ría. Crúzala sin miedo, encontrarás algunos cafés de principios de siglo que siguen ahí, como si cien años no fuesen nada. Y, por supuesto, visita la zona nueva: la remodelación de la ría y el Museo Guggenheim, aunque sólo sea su exterior. Un ejemplo de cómo revitalizar una deprimida zona industrial y convertirla en un paseo arquitectónico de primer orden.

Si te gusta visitar museos, el de Bellas Artes, pese a ser mucho menos conocido, es realmente interesante, y suele albergar exposiciones temporales de gran calidad. No te pierdas tampoco un viaje en el funicular de Artxanda, para disfrutar de un buen café o vermú con las mejores vistas de la ciudad a tus pies; ni una visita al Puente Colgante de Bizkaia, entre Portugalete y Getxo, al que llegarás con el mismo metro de Bilbao por poco más de un euro. Se trata de una novedosa construcción de la época de la Arquitectura de Hierro (obra del mismo arquitecto que hizo el palacio de Cristal del parque del Retiro de Madrid) y que sirvió para conectar a las vecinas Getxo y Portugalete, históricamente separadas por el agua, y que está declarado Patrimonio Mundial por ser el primer transbordador de su momento, aunando la arquitectura en ese novedoso material, y la fuerza de las máquinas de vapor. Su altura, además, permitía la necesaria navegación de los barcos al puerto de Bilbao, uno de los principales de Europa. Todo un alarde de ingeniería y arquitectura puestas al servicio de la sociedad que serviría de ejemplo durante años para la construcción de otros puentes por todo el mundo. Casi nada.

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