Ruteando por el Bajo Aragón

Teruel es una provincia desconocida y una auténtica joya en bruto. Además de la capital (aquí puedes ver nuestro fin de semana en Teruel) tiene un buen número de pueblos para enamorarse. Posiblemente sea la provincia de España con más localidades incluidas en la asociación Los Pueblos más Bonitos de España y, como nos pilla no muy lejos de casa, aprovechamos siempre que podemos para escaparnos por allí, especialmente por la parte de la provincia que se conoce como el Bajo Aragón Histórico:

 

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El mapa es de esta web.

 

Alcañiz es la principal población de la zona,y es un buen punto de partida, aunque si vas a estar varios días, te recomendamos que vayas cambiando tu alojamiento, para evitar idas y venidas innecesarias. Además, así disfrutarás de algunas casas rurales que son puro amor. Si eres aficionado al motor, la conocerás por su legendario circuito urbano, el “Guadalope” y por el actual, “Motorland”. Si te apetece ir, pero el barullo de Moto GP te echa atrás o se escapa a tu presupuesto, que sepas que hay actividades durante todo el año, mucho más económicas o incluso gratuitas, y sin aglomeraciones. Una visita a su web te sacará de dudas.

Pero también tiene su propia historia. El Ayuntamiento, con su porche y arcadas apuntadas tan típicas en la zona, te darán buena idea de lo que irás viendo. Justo bajo la plaza, entrando por la Oficina de Turismo, se accede a los neveros, un entramado de galerías y bóvedas que recorren el subsuelo y que se usaban para abastecer de hielo y nieve a los habitantes de la zona. Hay una ruta por diferentes pueblos que los han recuperado denominada “Las Bóvedas del Frío”.

Plaza de Alcañiz

 

Desde la misma oficina, además, podréis visitar uno de los refugios usados durante la Guerra Civil y conocer la historia del bombardeo de Alcañiz, uno de los más duros y sangrientos del conflicto, aunque apenas se conozca.

Refugio Antiaereo Alcañiz

El castillo de los Calatravos hoy acoge el Parador de Turismo y, en verano, es el escenario del Festival de Artes Escénicas. No te vayas sin probar las tapas y el vermouth del Hotel Guadalope; nosotros ya no pasamos por allí sin hacer la correspondiente paradita.

Tapas Hotel Guadalope

A partir de aquí, las posibilidades son muchas, tantas como pueblos hay por la comarca. La recomendación: perderse por carreteras entre olivares, una de las señas de identidad de la zona (si te gustan las aceitunas, estás en el paraíso), por vías secundarias donde abundan las motos y las caravanas. Recorridos tranquilos y sin grandes grupos, sólo parejas o amigos, a veces solos, recorriendo esa parte de una de las provincias más despobladas. Podrás parar en cualquier mirador, ermita, yacimiento o lugar que te interese, sin seguir ningún mapa o guía.

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Puedes elegir cualquier carretera y descubrir un itinerario con los pueblos que van apareciendo a tu paso. Y así, visitar Calaceite

Calaceite

 

Cretas… (Por cierto, aquí se encuentra el Centro de la Lengua Íbera).

Cretas

Valderrobres, mucho más conocido y turístico…

Valderrobres

O La Fresneda, por poner un ejemplo.

La Fresneda

También puedes seguir la Ruta de los Íberos, uno de nuestros últimos descubrimientos por allí, y eso que le teníamos ganas desde hace tiempo. Se trata de una red de yacimientos señalizados y abiertos, junto a diferentes centros de interpretación por varios pueblos, que te acercarán hasta el pasado más desconocido de nuestra historia: los pueblos que habitaron esta parte de la península antes de la invasión romana. Su metalurgia y alfabetos sorprenden por avanzados y complejos, rompiendo el concepto que tenemos de la Protohistoria y sus pueblos, a medida que se avanza en el descubrimiento y análisis de los datos arqueológicos. Y, también hay que decirlo, a medida que van cayendo las redes de expoliadores y “coleccionistas” privados.

Ruta Iberos Bajo Aragon

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Y aunque cualquier época del año es buen momento para descubrir la provincia, acércate si tienes ocasión en Semana Santa, y vívela como lo que es aquí, una celebración al ritmo de los bombos y tambores. Algunas “rompidas”, como la de Calanda, son abiertas a cualquiera que llegue a la plaza con el hábito puesto y el tambor al hombro, aunque siempre de forma respetuosa, eso sí . No te asustes, poco tiene que ver con la religión, aquí la pasión se interpreta de otra manera.

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Y aquí nos tenéis, en medio de la plaza de Calanda, la mañana de un Viernes Santo, dispuestos a romper la hora.

 

Por descontado que estos son los días más turísticos del año en la zona, sobre todo jueves y viernes, pero si no tienes prisa y puedes esperar hasta el domingo (de Resurrección, hablando en términos de la Semana Santa), verás unos pueblos transformados, en el que toda la masificación de los primeros días se ha convertido en un momento en el que sólo quedan “los de casa”, en una especie de despedida colectiva, en la que muchos se separan con la misma fórmula: “Hasta el año que viene, hermano”. Y entonces, sientes la verdadera emoción.

El Frente de Aragón en Los Monegros

Hace mucho tiempo que queríamos iniciar una serie de entradas de un tema al que estamos muy ligados, el turismo de guerra, y del que hemos visitado múltiples lugares por Europa. Siendo monegrinos, era evidente que teníamos que empezar por la Ruta Orwell, y todos los vestigios que se recuperaron en Los Monegros hace más de una década, de manera casi pionera. Así que el 80 aniversario de la estancia de Orwell en España es la excusa perfecta para empezar con este mini-proyecto dentro del blog.

 

Orwell, el origen.

George Orwell, cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair, llegó a España en diciembre de 1936, entrando al país por una Barcelona revolucionaria que le marcaría profundamente. Allí, su afiliación al P.O.U.M. le llevaría a coger las armas y ser trasladado al lugar donde más falta hacía, el Frente de Aragón. En esa línea se había estancado la guerra, sin que ninguno de ambos bandos consiguiera ganarle territorio al otro (y así seguiría hasta marzo de 1938). Su experiencia directa en las trincheras, donde el barro, los piojos y la escasez de todo eran los protagonistas, sería relatada después en una de sus grandes novelas: “Homenaje a Cataluña”. Pero además, su experiencia en los sucesos de mayo de 1937 y su salida apresurada de España inspirarían otras novelas posteriores, todavía más conocidas: “1984” y “Rebelión en la Granja”. Mucho después, un programa de televisión volvería a colocar su nombre en el lugar que su literatura debería hacerlo… pero esas son otras cuestiones.

Su estancia en la Sierra de Alcubierre, en pleno centro de Los Monegros, motivó la recuperación de diferentes vestigios de la guerra civil española, que hoy son visitables y conforman una completa ruta, centro de interpretación incluido. Aunque mucha gente conoce la posición republicana (la llamada Orwell), la sublevada y el Centro de Interpretación, la ruta incluye otros elementos, como búnkers, refugios y los restos del Aeródromo Alas Rojas de Sariñena, lo que da para pasar un par de días sólo recorriéndolos. Este sería un listado más completo de enclaves (la info de cada lugar, la podéis encontrar aquí) si queréis conocer un poco más el tema y las zonas relacionadas:

 

Ruta Orwell, posición Monte Irazo. 

Se trata de la posición republicana. En la A-129, Sariñena-Zaragoza. Desde hace unos años el acceso en coche sólo se puede realizar en un sentido, por lo que si no venimos desde Zaragoza, deberemos subir hasta el desvío de San Simón, dar la vuelta y coger el correcto. Encontramos aquí una posición muy sencilla y aislada, lo que nos da una idea de cómo debía ser el pasar largas temporadas allí. Dicen los historiadores que no es estrictamente la que pisó Eric Arthur Blair, pero tampoco nadie puede asegurar que no pasase allí algún que otro rato. ¿no?

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Posición Tres Huegas y monumento San Simón. 

Posición franquista y monumento a los caídos. Es la opuesta (política y geográficamente) a la anterior. Encontramos en este caso una posición pensada para permanecer largo tiempo ocupada, por lo que se creó con zonas de abastecimiento (era capaz de obtener, filtrar  y almacenar el agua del propio terreno), intendencia, descanso… además de las propias defensivas. Después de la contienda se levantó el monumento a los caídos, que, aún hoy, se sigue utilizando en días “especiales”…

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A veces te encuentras “sorpresas” en el monumento…

 

Además, tiene una de las mejores visiones de Los Monegros, desde la Sierra de Alcubierre. Hasta que no estás allí, no te crees que puedes ver en un solo golpe de vista Huesca, Zaragoza, Magallón, San Caprasio, el Moncayo, el Pirineo…

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Posición Santa Quiteria en Tardienta.

Situada junto a la ermita que le da nombre. Para nosotros, es la más espectacular de todas, por ubicación geográfica e historia militar. Como en todas las que han sufrido proceso de restauración, vemos una parte de lo que fue la posición existente en su momento, aunque el resto se puede adivinar o intuir en la mayoría de las ocasiones.

Posición Santa Quiteria Tardienta

Posición Santa Quiteria Tardienta detalles

 

Búnker de Lanaja.

Situado en la carretera que conduce a Cantalobos, apenas a unos cientos de metros tras coger el desvío desde la A-129. Mucha gente lo confunde con el acceso a una conducción hídrica de época árabe que existe un poco antes, a pesar de que no se parecen en nada. Es un nido de ametralladoras, modesto, pero bastante accesible y relativamente bien conservado. Se puede destacar de él que ha sufrido más por expolio (desapareció todo el hierro imaginable de su estructura) que por rehabilitación, aunque no quedan restos exteriores que lo contextualicen.

Bunker de Lanaja

 

Aeródromo Alas Rojas, Sariñena- Albalatillo.

Con una importante y desconocida historia a sus espaldas, rescatada por un vecino de la localidad, los restos del aeródromo, aún sin estar recuperados en su totalidad, son impresionantes. De hecho, no hay ninguno igual en toda España. Podéis conocer su historia más a fondo en el libro “Alas Rojas” o el documental “Alas Rojas, espíritus del viento” de Miguel Lobera. Si vais por Sariñena, el museo de la localidad tiene dedicada una sala, con una réplica de la bandera original incluida. La auténtica puede verse en la Sala de Laureados (Hangar 1) del Museo de Aeronáutica y Astronáutica (Museo del Aire) de Cuatro Vientos, en Madrid.

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Imágenes de la web de Albalatillo y el blog Os Monegros.

 

Refugio antiaéreo de Monegrillo. Construido bajo el cerro que se encuentra en lo alto de la localidad, está bastante bien conservado (además de restaurado). Para visitarlo hay que contactar con el ayuntamiento.

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Centro de Interpretación de la Guerra Civil en Aragón, Robres. Para nosotros es el eje de toda la visita (está abierto todos los fines de semana y festivos, y entre semana con cita previa para grupos). Cuenta con una buena colección de materiales, en especial, prensa original de la época, y documentales, y visitarlo a fondo os llevará un buen rato. Pero es el lugar idóneo para empezar y recoger mapas y folletos informativos si vais a visitar todo lo demás por libre. Además, cuenta con una selección de libros temáticos a la venta y documentales para poder visionar allí mismo. Nació también con la idea de ser un centro de documentación especializado, pero esto ha quedado un poco más paralizado, y se ha quedado en una pequeña biblioteca temática.

CIGC Aragón Robres

CI Guerra Civil Aragon

 

Orwell toma café en Huesca. 

Aunque es temporal, de febrero a junio de 2017 el Museo de Huesca acoge esta exposición, que conmemora el 80 aniversario de la estancia de Orwell en el cerco de la ciudad. La muestra recorre toda la vida del autor y cómo su experiencia en la guerra civil española marcó su posterior trayectoria vital y profesional.

 

Bonus Track.

Sariñena Editorial. Esta pequeña editorial de libros, casi artesanal, especializada en libros sobre el conflicto español y reedición de publicaciones agotadas o descatalogadas, es el lugar perfecto donde encontrar joyas literarias al respecto.

 

Para terminar, os dejamos una propuesta de ruta, para visitar algunos de los vestigios. Todos son de libre acceso, salvo el refugio de Monegrillo (gratuito, pero pidiendo al llave en el ayuntamiento) y el CI Guerra Civil en Aragón (abierto fines de semana y festivos, o con cita previa).

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Ruta de la Guerra Civil por Los Monegros.

 

 

 

 

Balneario Vilas del Turbón

Esta es una entrada diferente, como  diferente fue el viaje: una escapada, casi de ida y vuelta. Va a parecer un post patrocinado, pero no es el caso. Hace unos días, aprovechando un buen motivo, nos escapamos al Balneario Vilas del Turbón, en la Ribagorza (Huesca), un lugar que nos apetecía mucho, desde hacía tiempo, pero para el que nunca encontrábamos la excusa. Esta vez, como hemos dicho, había una causa especial, así que, rompiendo algunos de nuestros esquemas, nos lanzamos a probar otro tipo de viaje. Si nos seguís en Instagram®, habréis visto algunas fotos.

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Imagen del Balneario. Vilas del Turbón.

 

Si nos conocéis, sabréis que nos gustan los lugares con historia, quizás hasta con un punto decadente. Esos que no han hecho un mero lavado de imagen (que acaban por uniformizarlo todo) y mantienen su esencia, y este es el caso. Construido en 1934, fue usado durante la guerra para acoger niños; apenas tres años después, volvía a funcionar como balneario.

 

Imágenes sacadas de aquí.

 

Así que puede decirse que desde su inauguración siempre se  ha mantenido abierto.  Conserva incluso algunas reminiscencias modernistas, en las puertas o el pasamanos de la escalera principal, que nos tenían enamorados. Para otros (y sólo hace falta ver las opiniones en TripAdvisor) parece ser símbolo de abandono, dejadez o de un lugar obsoleto que no ha invertido lo suficiente para adaptarse al siglo XXI.

 

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Escalera de entrada, Vilas del Turbón.

 

Nos gusta su sencillez, que se centren en lo realmente importante (instalaciones y buen servicio) y mantengan su historia con orgullo desde ese rincón del Pirineo, tranquilo y lejos de las omnipresentes estaciones de esquí. Y no nos olvidemos de su restaurante, con precios más que asumibles, donde comimos un ternasco digno de ovación. Donde el desayuno era tan suficiente y variado como para afrontar la jornada con alegría. Escribiendo todo esto nos damos cuenta de lo difícil que se está volviendo encontrar lugares así, donde prime la calidad y el trabajo bien hecho por encima de la imagen y el «postureo». Aún así, y no tenemos nada en contra de ello, muchos preferirán los nuevos hoteles llenos de jacuzzis, piscinas, cristaleras de diseño y cerraduras de tarjeta. Deseamos que las disfruten, de verdad. Nosotros seguiremos buscando y eligiendo estos lugares, con un pie en cada siglo.

Por lo demás, qué os vamos a contar. Gemma se relajó nada más cruzar la puerta, pasamos un día entre tratamientos y siesta, disfrutando de no pensar en nada y dejarse mimar por manos expertas. Ni siquiera nos llevamos la cámara, ni sacamos el móvil durante nuestra estancia para hacer una foto: sólo durante los trayectos y un momento al abandonar las instalaciones el aparatito de marras estuvo en funcionamiento. Una desconexión, de vez en cuando, merece la pena. Más que recomendable.

 

BonusTrack. Siempre que pasamos por la zona, hacemos parada obligatoria en Graus, sólo por el capricho de tomarnos algo en su plaza mayor, renacentista, única.

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Imagen de Gozarte.

 

Teruel, arte y jamón

Teruel era una ciudad que, por unas razones u otras, siempre se le había resistido a Gemma, así que cuando, por fin conseguimos ir, la disfrutamos a fondo y con ganas. Avisamos, es un post largo, pero la ciudad lo merece. Además, aquellos fríos días de invierno, de cielo raso y noches de hielo, nos dejaron unas buenas fotos.

Empezamos por el alojamiento, que no pudo gustarnos más. Y sabéis que no solemos hacer publicidad, salvo si creemos que realmente merece la pena. Y este es el caso. Buscamos algo sencillo, económico y en el centro, y  encontramos un establecimiento  auténtico y original. La Fonda del Tozal  nos cautivó con las fotos que vimos en la página de reservas, y nos gustó todavía más cuando la pisamos. Un edificio que lleva siglos albergando viajeros, tanto es así que la calle por la que se accede lleva su nombre, con un aire sencillo pero digno, y un bar en las antiguas cuadras con mucha personalidad y parroquianos de todos los días. Nosotros nos sentimos allí como en casa de nuestra abuela.

Teruel es una ciudad que se ha creado su propia imagen. Una ciudad medieval, pequeña capital de provincia, protagonista de una de las grandes batallas de la guerra civil española, que ha sabido reinventarse y quitarse el polvo para convertirse en un referente en cuanto a turismo cultural. Su patrimonio es grande y variado (¿por qué no es ciudad Patrimonio de la Humanidad? Lo es el arte Mudéjar, en conjunto, pero no la ciudad) y, casi más importante, ha sido recuperado con respeto y buen gusto, que no siempre se puede decir.

De su origen medieval nos habla la leyenda del Torico, y la estrella de ocho puntas, emblemas de la ciudad. También la leyenda de los amantes más famosos del sur de Europa, tras Romeo y Julieta (Teruel y Verona trabajan conjuntamente en  proyectos relacionados) en cuya memoria se levantó un mausoleo, y a su lado, una de las iglesias más fascinantes que he visto, pese a su actualidad:  la iglesia de San Pedro, de principios del siglo XIX, de estilo neogótico, pero con unas reminiscencias modernistas que nos enamoraron…

La Catedral de Teruel, la única en España construida totalmente en estilo mudéjar, se mantuvo bastante bien pese a los bombardeos, y por suerte, guardó completa la techumbre mudéjar de par y nudillo del interior de su nave. Absolutamente impresionante. Tal vez hayáis visto muchos artesonados de madera, que no son sino falsos techos decorativos, pero en este caso se trata de una techumbre, es decir, la estructura que sostiene el tejado exterior. Si os interesa el arte, la visita guiada es muy recomendable. Y como véis, la catedral se deja fotografiar desde todos sus ángulos y a todas las horas.

Y mudéjares son también las torres de San Martín y San Salvador que, según la leyenda, fueron construidas por dos enamorados de una misma mujer, que competían por ver quién levantaba la torre más alta y bella en el plazo de un año. El perdedor se suicidaría arrojándose al vacío desde la propia torre… Lo más interesante, además de las decoraciones con azulejos esmaltados, es poder visitar el interior de la torre de San Salvador y conocer su estructura. La entrada era de 2.5 euros y  las vistas, desde lo alto del campanario eran así un frío atardecer de invierno:

Y una última y escondida visita medieval, muy poco conocida, son los aljibes, que abastecían de agua la ciudad, y que ocupan parte del subsuelo de la Plaza del Torico. Por poco más de un euro conoceréis los sistemas de conducción y almacenamiento de agua usados entonces, previstos para aguantar meses de sitio.

Todo lo ya contado sería suficiente motivo para que Teruel mereciera una visita pero, por suerte, hay más. Modernismo. La palabra mágica para Gemma (ya os lo contamos en la primera entrada, la que hablaba de Viena ). Además de la bella iglesia de San Pedro, los primeros años del siglo XX dejaron, gracias a las familias burguesas de la ciudad, casas, fachadas, escalinatas, puentes e incluso verjas de forja que hoy forman parte de una ruta que nos presenta otra ciudad distinta a la que siempre imaginamos.

Y no dejéis pasar la visita al Museo Provincial (entrada gratuita) por varios motivos: el gran suelo de mosaicos recuperados de una villa romana; la antigua farmacia que conservan intacta, el armazón del techo del propio edificio y las vistas desde su galería.

Si, como Gemma, todavía no conocíais la ciudad, esperamos que no tardeis en hacerlo. Por si acaso, os dejamos dos razones más. Seguro que os terminan de convencer. Si París valía una misa, Teruel bien vale un buen vino. Y si al lado tiene ese jamón, esos quesos y esos embutidos, no sabemos qué hacéis ahí parados. ¡Venga! ¡A organizar vuestra próxima visita a Teruel! Podrán suceder mil cosas, pero nunca os defraudará.

Por tierras del Moncayo

Si has llegado hasta este post, te recomendamos leer la primera parte, dedicada íntegramente a la ciudad de Tarazona. Hoy hablaremos de otros enclaves de su comarca, para que redondees tu escapada por las faldas del  Moncayo en un viaje lleno de leyendas y sensaciones.

Imprescindible la visita al Monasterio de Veruela, uno de los grandes monasterios aragoneses. Está muy cerca de Tarazona, y su entrada es gratuita. Además de conocer un buen ejemplo de cenobio cisterciense, con vestigios interesantes de policromías, alabastros y enterramientos, sus diferentes espacios albergan una sala dedicada a los hemanos Bécquer, y un intereseante museo dedicado al vino. Un ejemplo de adaptación a través de la propia historia del monumento a los nuevos tiempos.

 

Como lo visitamos un día entre semana, estábamos solos, y pudimos recorrerlo tranquilamente, al detalle y en silencio.

 

El singular pueblo de Trasmoz, su castillo y su peculiar relación con las brujas nos acogieron con un aire frío y poco amigable, por lo que estuvimos lo justo para hacer unas fotos. Por cierto, si os interesa el tema de la brujería como hecho histórico, os recomendamos el libro La mala semilla, de Carlos Garcés, y editado por Tropo Editores. No os dejará indiferentes.

 

 

También visitamos el yacimiento arqueológico de Orduña y la cueva de Caco, en la localidad de Los Fayos. De nuevo, historia y leyendas se entremezclaban con los pueblos y sus gentes, amables esta vez, en un punto en el que se difuminan las líneas entre lo verdadero y lo mitológico, en las raíces de nuestros orígenes, dejando siempre la sensación extraña de no saber con certeza hasta donde creer y a partir de donde imaginar.

Tarazona y el Moncayo

Este fue uno de esos viajes que haces, sencillamente, porque tienes un amigo que vive allí y vas a pasar unos días a su casa (el antecesor del couchsurfing,o  el viajar pobre de toda la vida) y fue un gran descubrimiento.

El Moncayo es la comarca zaragozana que limita con Soria, Navarra y La Rioja, a las faldas del monte que la bautiza. Una comarca llena de historia y patrimonio.

Nuestra primera parada fue Tarazona, cuya judería sería la primera que visitábamos, un tema de nuestra historia poco conocido para el público general, y que nos ha dejado un rico patrimonio, en forma de calles, barrios y algunos  edificios sobresalientes que hablan de nosotros, de no hace tanto tiempo, de otra España.  Es también una muy buena forma de viajar por todos los rincones del país, diferentes entre sí pero con un punto en común. Si os interesa el tema, encontraréis información en la web de Red de Juderías de España.

 

Tarazona es, también, ciudad de restauración. Años de trabajo en la judería, con una escuela taller; en la catedral, 20 años de labor de de Patrimonio Nacional; o los próximos trabajos en el Palacio Episcopal, han demostrado, además, que la intervención e interpretación del patrimonio son una fuente de trabajo muy a tener en cuenta para el desarrollo del turismo cultural. Por esa misma razón os animamos a visitar la ciudad y la catedral mediante visitas guiadas, no os defraudarán (y os aseguramos que pocas veces en este blog vais a leer este comentario) Magníficas profesionales de la Fundación Tarazona Monumental os acercarán todos los detalles y secretos de cada rincón que visitéis. A nosotros nos robó el corazón la iglesia de La Malena, con ese nombre tan aragonés, tan mudéjar y esbelta su torre…

 

Además, Tarazona tiene en su ayuntamiento una espléndida fachada renacentista, de las mejores del país; una característica plaza de toros y algunas casas colgantes que no tienen nada que envidiar a las de Cuenca.

 

Buenos vinos de la D.O. Campo de Borja y buen ambiente para salir de tapeo. Hay establecimientos para todos los gustos, desde el pequeño y “de toda la vida” para una tapa casi preparada ante tus ojos (el “Visconti”), hasta aquellos en los que merece la pena pasar un buen rato observando el edificio (el “Amadeo I”) Y otros muchos para descubrir, por supuesto. Si a todo lo anterior añadimos un entorno natural enclavado en la antigua fontera de los reinos de Aragón y Castilla, poco más se puede pedir.

No es donde parece… es Aragón.

Una de las cosas que más nos gusta de viajar es que nos rompe los esquemas y clichés que llevamos en la cabeza. Siempre. Y para ello no hace falta cruzar el mundo o mezclarse con tribus aborígenes: muchas veces, cerca de casa, hay pequeños paraisos inesperados, lugares que parecen sacados de su contexto, que no están donde parece…

Porque no hace falta ir a Asia para pasear por la tranquilidad de un templo budista…

… teniendo en la provincia de Huesca el centro Dag Shang Kagyu.

 

Ni tienes que viajar a Italia para disfrutar de la bella arquitectura renacentista…

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Plaza Mayor de Graus. Imagen de Gozarte.

…teniendo Fonz, La Puebla de Castro o Graus (y su maravillosa plaza Mayor) esperándote.

 

O si lo que buscas es Modernismo…

…aprenderás a ver Teruel con otros ojos.

 

Si lo que deseas es conducir por la Toscana y probar sus vinos y aceites…

…debes conocer el Somontano de Barbastro.

 

Y, por supuesto, no hace falta ir hasta el lejano Oeste…

…para disfrutar del desierto, estando aquí Los Monegros.

 

Porque viajar no es irse lejos, sino aprender a ver con otra mirada lo que creemos conocer.

Post editado. Febrero 2017.