Conociendo la Bretaña francesa

Desde que inauguramos el blog, estamos viviendo en la Bretaña francesa. Era una de las cosas que queríamos hacer (otro día hablaremos del año sabático que estamos disfrutando). Ambos habíamos estudiado francés y queríamos mejorarlo, vivir en el extranjero y, a ser posible, en un lugar de clima y paisaje atlántico (nosotros, que venimos de Los Monegros…) así que la decisión fue fácil. En otro post os contaremos cómo nos hemos organizado, hoy os queremos presentar esta región, que nos tiene enamorados.

La Bretaña francesa es la península de tierra que sobresale hacia el oeste del país, justo bajo el canal de la Mancha y la Gran Bretaña, en el Atlántico. Una tierra de leyendas y de historia céltica, gala y medieval que nos atraía y que nos ha robado el corazón con la simpatía de su gente, su gastronomía y sus hermosos paisajes, incluso en días de bruma como éste:

 

saint-malo2

La capital de la región es Rennes, ciudad que, pese al destructor incendio del siglo XVIII, guarda buena parte de su callejero medieval, con casas tradicionales construidas en “pan de bois“, siendo una de las ciudades francesas que alberga mayor número. En torno a los restos de este histórico barrio  se levantó la nueva ciudad, construida al gusto y estilo parisino.

 

Imprescindiles para visitar Rennes:

  • El entramado medieval, que reúne cerca de 300 casas de construcción tradicional, agrupadas en torno a la plaza Sainte Anne, siempre llena de gente.
  • La ciudad moderna, rodeando a la anterior: Ópera, Parlamento y Ayuntamiento.
  • El Modernismo y mosaicos de Odorico, en la piscina Saint Georges, la primera calefactada de Francia (1923) y otros edificios que salpican el centro. Inconfundibles.
  • Junto a la anterior, el parque Thabor, que mezcla los estilos inglés y francés, siendo uno de los mejores del país.
  • Sus mercados. Cada semana se realizan una veintena en diferentes días y lugares: productos bio, libros antiguos, flores…

 

No podéis dejar de comer crêpes, y su variante salada y menos conocida, las galettes. Hechas con harina de trigo sarraceno, admiten cualquier relleno (queso, jamón, tomate, champiñones…) siempre acompañada de una buena sidra local, que se bebe en taza. Si estás en Rennes, por supuesto, deberás probar la galette-saucisse en cualquier puesto callejero, variante local que consiste en enrollar una salchicha en la pasta de galette, con salsas al gusto. Es, además, la forma más económica de comer bien en las ciudades bretonas.

 

Pero hay algo que todavía nos gusta más: recorrer la Bretaña. Aunque no lo hemos visto todo, la región está llena de pueblos maravillosos, que se aferraron a su pasado con sus castillos y calles empedradas. Da igual que sean costeros o de interior, de origen romano o medieval, feudales o comerciales, todos hablan de un gran pasado común del que se sienten orgullosos. Diez de ellos se agruparon bajo el nombre de “Ciudades de Arte e Historia”; incluso algunas como Saint Malo, que fueron gravemente dañadas en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, reconstruyeron su patrimonio.

No sólo eso, otros 19 pueblos se agruparon, orgullosos de su patrimonio, bajo el nombre “pequeños pueblos con carácter”, una distinción que nació aquí y se extendió después por el resto del país, poniendo en valor pueblos de menos de 6.000 habitantes, con un destacado patrimonio y el compromiso de cuidarlo y ponerlo en valor. Imposible no quererlos, ¿verdad?

 

Pero todo esto y mucho más lo iremos descubriendo, poco a poco.

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